Curioso, impertinente, desolado, acurrucado. Lleno de sentimientos que reposan en una cama, cubierta por unas arrugadas sábanas color nogal. Amanece, poco a poco, el anaranjado del cielo se va colando en los su
surros desesperados de aquel muchacho que sueña con su doncella.
En fin, como cosas de la vida, la mañana había comenzado breve. Suena aquel sonido "silencioso" del despertador.
Obvio, no quizo hacerle caso. Era temprano y sus ánimos estaban por lo bajo. Movió su mano cuadrada y rígida, mientras apagaba el molesto aparto.
Dió un respingo y con un carraspeo leve pensó en las imágenes de su habitación:
Ropa tirada y sucia, cuadros que había comprado por las calles, de pintores desconocidos que era posible no tuviesen con qué alimentarse. Una lámpara de vela, por más modernidad que hubiese era lo que lo hacía sentir persona. Un mueble enano, de madera de caoba, reluciente y con varios cajones (Donde seguramente guardaba la ropa). Una alfombra mullida, color Terracota; y su fiel cama de acolchado naranja.
Sonó el teléfono, celular. Lo tenía harto aquel despreciable aparatejo. No le gustaba la tecnología y no le agradab esa idea de la Globalización; ni mucho menos ser perseguido por la Oficina entera gracias a esos desgraciados diez números cancérigenos.
Palmeó la cama, buscando ese celular odioso; y lo encontró frío entre las almohadas. Alzó su azulada vista y con las pupilas vio el tétrico letrado que anunciaba:
"Tienes un mensaje".
Lo leyó y su rostro cambió totalmente al ver el remitente. Las letras que lo componían no importaban, pero el sútil rostro de aquella muchacha que anhelaba sí. El mensaje era de su "ex-novia"... El amor de toda su vida, aquel que había dejado pasar por cuestiones de trábajo... Falta de tiempo. Lo miró una y otra, y otra vez. Sin siquiera leer. Pero entre sus releídas reparó en lo que verdaderamente el mensaje decía:
"Aún te sigo amanado. Si has decidido dedicar tu vida a un trábajo que no te gusta y abandonar tus sueños... Bien. Házlo.
Pero si has cambiado de parecer, te estaré esperando en aquel lugar donde nos besamos por primera vez."
No había más que eso...
Desesperado nuestro protagonista abandonó la desordenada cama y se dirigió al baño corriendo. No tenía más segundos que desperdiciar; arrojó el celular en el suelo blancuzco de la habitación y se zambulló con prisas bajo la lluvia artificial que le ofrecía la ducha: Shampoo, Acondicionar, un poco de jabón y ya estaba. El celular comenzó a sonar; pero no reparo en él. Directo al espejo: Cepillo, pasta; una buena cepillada, un enjuague y listo. Tomó el perfume, tres gotas en su mano, unos golpecitos y nada más.
Fue a su habitación, mientras el aparato hacía sonidos de todo tipo; anunciando llamadas y mensajes. Tomó unos pantalones negros, ni siquiera los vió, una camisa que estaba por allí color azul océano, unas medias cualquiera, mocasines, llaves y a la calle.
Vió pasar el único desgraciado colectivo que lo llevaría y de manera sobrehumana lo tomó. Pidió al chofer el boleto lo más rápido que pudo:
-RAPIDONOVENTACENTAVOSHOMBRE- No se le entendió nada y el chofer lo miró con mala cara.
-¿Puede pedrime el boleto?- Le dijo enfadado el dueño de aquel transporte, aún en marcha.
-NOVENTA HOMBREEE- Le grito mientras respiraba y la máquina marcaba la cantidadad a pagar.
Genial, en el apuro olvido agarrar la billetera. El chofer lo miró y con cara de pocos amigos lo echó del transporte....